Diseño: Estefania Almonacid. Pintura:Dos desnudos en un bosque o la tierra misma, 1939. Frida Kahlo.

sábado, 18 de agosto de 2012

Acerca del autor




Autorretrato "El instinto" de Estefania Almonacid

Biografía


        ESTEFANIA ALMONACID VELOSA. 1 de agosto de 1991. Bogotá - Colombia.
        Estudiante de Comunicación social y periodismo de la universidad Minuto de Dios.     Amante de la fotografía, la literatura, la danza y las historias urbanas.
        Le gusta el periodismo cultural y la investigación en comunicación social.
        Ha publicado sus poemas en el libro  "Piedras en el trópico", en memorias de encuentros literarios de Universidades del norte y en la antología del  XVI Encuentro Internacional de Poetas en Zamora, México. Ha publicado crónicas en el periódico "Nuevo Milenio" y reseñas en la comunidad de escritores y lectores de bibliotecas públicas . En el 2012 participó con su obra poética en el XVI Encuentro Internacional de Poetas en Zamora, México. 

        La literatura para ella es la exploración de los cinco sentidos en busca de los sentimientos más extraños del ser humano. Cree en el arte porque son las venas de la vida, en la naturaleza como la espina dorsal del mundo y  en las melancólicas tardes Bogotanas.
        Sus personajes de inspiración son: Frida Kahlo, Oscar Wilde, Carlos Fuentes, Fernando Pessoa, Luis Vidales, Rogelio Echeverría y Héctor Lavoe.
                            


      PRÓLOGO



      Una poesía moldeada con manos jóvenes que mostrará el ferviente deseo de contar historias censuradas y de tejer sueños perdidos con hilos invisibles. Estefanía Almonacid se arroja en una búsqueda disparatada de los sentimientos más extraños que alberga el corazón humano, y en medio de ese trasegar quizá sin rumbo sigue las huellas de quienes ha considerado sus ídolos, y por tanto decidió interrogar a la columna rota de Frida Kahlo, sonreír con la necedad de óscar Wilde, sentarse detrás de una máquina de escribir, esconder su rostro detrás de un libro de Carlos Fuentes, perderse detrás de las personalidades y de los ensueños de Pessoa, revolotear en la poesía ilógica de Luis Vidales, abrir los ojos junto con Rogelio Echevarría a la poesía de lo cotidiano y de las melancólicas tardes citadinas, suspirar versos al ritmo de Héctor Lavoe en un rincón oscuro de un café.

En la primera parte de esta obra Escarabajos de ausencias Estefanía deja entrever cierta nostalgia ante la inevitable ausencia que deviene en una inquietante soledad, sin embargo frecuentemente la seduce la esperanza, una esperanza que pronto se verá ahuyentada por un amargo sentimiento de orfandad; aparece entonces en uno de sus poemas la figura de una mujer que habita tierras extrañas, de una mujer de esqueleto doloroso con las manos vendadas que preconiza la necesidad de volver a la indigencia.

Pero la apología a la soledad no es el único tema de su poesía, por el contrario en su obra toma vida un vaivén de sentimientos que algunas veces se funden y otras veces se persiguen en su caminar sin rumbo y se entrecruzan en los peldaños de unaescalera voladora.

Ese cúmulo de sentimientos del que aquí se habla, se verá reflejado en su poema prisma, en donde de la mano de la esquizofrenia y de la locura, los cuerpos se verán frecuentados por la pasión desmedida, en donde la lluvia será la música para la danza de los peces, mostrándonos así el destello multicolor de su poesía, no obstante, permanece visible ese sentimiento de olvido, por ello la poetisa nos dice recuerde autodestruirse después de leerlo.

Y otra vez el ansia, el placer, la angustia y la excitación de ser seres corpóreos, se baja el telón para que el vigor aparezca; el cuerpo se muestra como el principal protagonista en donde el dolor se alberga, el cuerpo es la morada de lo sexual y de lo sensual, es el rincón de las angustias, de las pasiones, de la complicidad y del llanto; se produce una pausa y entonces el dolor se cuela entre las grietas del cuerpo, situándose en su adversaria, el alma, ese lugar casi imperceptible y sin embargo todos somos testigos de la inmaterialización del dolor.

En la segunda parte Cuerpo árido el cuerpo continúa siendo la bóveda en la cual vaga una iguana misteriosa y juguetona, levantando su cuerpo, agitando su cabeza con vigor de arriba abajo, con una hilera de espinas en el dorso para su defensa, y otra vez el cuerpo es el lugar del abandono y una vez más aparecen las grietas de la amargura, y del dolor, y con ello la necesidad de huir, de marcharse a un lugar recóndito para beber agua fecunda y sanar las heridas del alma.

El cuerpo vaga y se arrastra a través de los lunes inocentes, poco a poco en la arena se van marcando las huellas de paseos clandestinos en busca de rostros, de calles, de paisajes, de atardeceres y de amaneceres para fotografiar, la poetisa entonces se siente merodeada por el insomnio y aparece sobre la mesa de noche, un reloj con segundero, un termómetro y un cilindro de revelados de negativos, quizás para revelar aquellos días grises.

En alcoholes rojizos el llanto es el hábito de la derrota, la carta magna del desierto, esfera terracota que se rompe en ojos árabes. El insomnio continúa haciendo estragos, llevando los sueños perdidos y ocultándolos en el laberinto del olvido, haciendo inservibles los llamados del cucú del reloj, el tiempo se escapa y se cuela entre las manos, los transeúntes se dirigen a ninguna parte, comen y recogen poco a poco las huellas de sus pasos agotados que intentan huir de la sombra del tiempo que les persigue.

Y nosotros amor mío, sueño mío, ¿no podríamos ser los fugitivos libidinosos que se esconden entre sabanas?, ¿aquellos que se ocultan entre los matorrales y se pierden en kilómetros desconocidos?, pero el tiempo se deja seducir por la nostalgia de un ayer evaporado, la senda que dibujaba el camino se ha borrado y atrás sólo quedan las estatuas de sal; y en el rincón de una habitación entre los ires y venires de una aguja, en los párpados aletargados de una abuela se teje con lana el preludio de la desolación

Ante el acecho del dolor, de la amargura, del desencanto y del engaño se construyeron las paredes para colgar en ellas los retratos olvidados, una pared que nos recuerda la delgada línea que se traza entre la nada y la inexistencia.

En la tercera y última parte pasión extinguida hay un silencio cómplice de los temores y de las ensoñaciones de una niña que se refugia en la copa de los arboles, en medio de una luz nocturna, una niña que entre gritos y palabras es frecuentada por la desazón y la fluctuación de sentimientos encontrados, una niña que espera, que sueña, que ama, que se deja encantar por los aromas seductores de los cocteles tropicales, por el aroma de un vino de la mejor cosecha, por el sabor y el aroma de los cafés de antaño y por la súbita aparición del encanto que se esconde bajo la piel de la poesía.

No obstante, como los amantes que se esconden bajo la corteza de los arboles, en ella también se esconde aquella niña que se duele y se lamenta de los sueños perdidos, de los amores frustrados y de las pasiones extintas, una niña que ha renunciado a su infancia, una niña que ahora esta dispuesta a bajar de las copas de los arboles para mostrar con fervor y erotismo los frutos del bosque que oculta entre sus piernas.
Resaltando otra vez la sensualidad y el erotismo que se revela en su poesía, la complicidad fervorosa de los amantes que se besan exasperadamente en lugares comunes, sintiendo en su boca la humedad de los besos y la humedad de la lluvia.

Ahora que parece que los recuerdos se han sumido en el laberinto del olvido, el pasado hace nuevamente su entrada intempestiva, la poetisa lo increpa ¿por qué no me avisaste que venías?, la desolación, el llanto y la angustia. Ahora se pone los harapos de la tristeza; con la partida del padre la poetisa se aferra a la esperanza, pero la esperanza no responde, el padre parte con su retrato de niña, llevándose con él las fotografías y los lienzos donde se pintaron las ilusiones; la poetisa lo amonesta:por eso guarda los negativos en tu bolsillo, vete, no reveles nunca mi nombre

En esta última etapa de su obra la poetisa se encuentra a solas consigo misma, a solas con sus pensamientos, cómo atontarlos o distraerlos para que no la atormenten, las paredes humedecidas empiezan a lastimarse, se profiere la sentencia: una eternidad de instantes olvidados, es hora de partir rumbo a tierras extrañas, todo listo para el alunizaje dicen que en la luna habita una mujer que renunció a los placeres de la tierra.

Es una partida en busca del sosiego, de la calma, una partida para recoger las huellas que quizá se desvanecen en la arena, una partida y una negociación de los recuerdos, una partida en busca del verdadero significado que se esconde en el alma de los mitos, un intento por recoger las cenizas y reconstruir las envejecidas calles en donde se tejieron los besos lujuriosos, una partida para recordar que el marcharse también es una forma de ausencia.

Reconstruir la memoria, tejer los recuerdos al son de un hermoso blues sobre un viejo fonógrafo, comprender que se está, que ya no se está, saber que se sueña en silencio, que se frecuentan lugares comunes, comprender que se gana, que no se gana nada, ser conscientes de que la esperanza se esconde tras la puerta y de que quizás no quiera salir de allí, saber que las palabras danzan fervorosas por ser exhaladas de la boca del poeta, comprender que el erotismo lo descubrieron los psicoanalistas, que detrás de las fotografías en blanco y negro se esconden historias censuradas, saber que los amantes antes del cortejo se miran fijamente con lujuria mal disimulada y que nosotros nos esfumamos para siempre.

Edwin  Javier Velasco Caicedo
Bogotá 9 de octubre de 2012


En un lugar que quizás pueda llamarse habitación                                                      

EL GRITO DEL VIENTO


¿Cuántas veces
nos engañamos
con el cariño de los escombros?

Dime

¿A qué edad nos hicimos valientes
y rasgamos la última oportunidad?

Dime

¿En dónde vengamos
los recuerdos que repudiaron la esperanza?

Si quieres callar
comprendo.

En nuestras bocas hay sapos rojos,
dormimos en camas de piedras,
amamos con los sentidos usados.

Las paredes se están matando,
bastones que se quiebran,
se miran fijo.
Nos esfumamos para siempre.

BESOS TEJIDOS

                                                                   A Diego Ortiz
Las Calles se envejecían
dentro de las lámparas de los siglos.
Era una mujer de charlestón en seda
la depresión cantaba blues
con los zapatos empolvados
 y una sonrisa por dólar.
Andabas por el aire entre periódicos
que empapelaban la fabrica,
te vi  por la terraza
encendí la lluvia para que bajaras
en una pirueta  de naranja,
       y desde allí sonara el tocadiscos
que recuerdan
a los besos tejidos
la calma en tiempos de guerra.

MITO


Todos dicen que es mentira,
que un hombrecillo salta todas las noches en los montes
riéndose del pobre hombre que sólo tiene oro.

Dicen que no,
En vano ver una mujer salvaje con una sola pata
tragándose hombres con el corazón cojo.

Se tapan los ojos,
se huelen las manos,
hacen el amor frente a una cruz.
Extraño.

Quieren olvidar los charcos de lágrimas de la mujer llorona.
¿Será que fueron ellos quienes desaparecieron a sus hijos?
Pasan por el mundo, odian, desangran, humillan
esos extraños que no saben mentir.

¡Madremonte no llores por los mártires,
talvez con algún estruendo respiren tus cenizas!

TE RECORDARÉ


Te recordaré
cuando mueva mis caderas
en el balneario
de mis penas
envejecidas.

Cuando toque
mis labios
que arderán
de ansiedad
e iluminarán
el caminito
hacia las costas.

Cuando mis pies
se sumerjan
en el deseo
de convertirse en arena.

Y desde una
lejana orilla
vendré a buscarte
emprendiendo
el viaje
debajo de tus pies.

OLOR A LUNA


Dicen
que en la luna
habita una mujer
que renuncio a los placeres
de la tierra:
Odiar, ambicionar,
temer  y envidiar.

Ahora cultiva en cada cráter
su femineidad olor a canela,
sándalo, miel y frutas silvestres.

Dicen
los viajeros
que una mirada de ella
es sabiduría cautiva,
explotando en el alma
de cada uno de ellos.
Haciéndoles volver
a la tierra y regresar a la luna
para ofrecerles
las maravillas del arte.

Dicen
los meteoritos
que cuando duerme,
las luciérnagas
se posan en ella
le acarician los sueños
 se van deseando volver.

Dicen
que es una sinfonía escondida,
una palabra exiliada,
una pintura admirada,
dicen también,
que es arte
en forma de mujer.

INSTANTES DE OLVIDOS


Cuando la tristeza
corrompe mi sueño
le doy unos cuantos
golpes al corazón,
no sigue asesinando.
Pero al final
nos enfrentamos
y mi sueño  se trasforma
en sentencia a muerte.

Dándole la espalda
a ese espacio frio de la cama,
me reclaman los anhelos
por estar orbitando
en los pliegues de tu cuerpo,
en la sabiduría
de tus versos,
en los que callas al mirar.

Las paredes
son las que sufren
por mi discapacitado sentimiento,
humedecidas
empiezan a lastimarse:
Las voces con el eco de
nuestras promesas
me condenan a una eternidad
de instantes olvidados.

Pero aun así,
no iré por ti
porque soñarte
fue dividirme en tiempos perdidos.

SOLEDAD


En la intimidad no estoy sola
tengo miles de demonios en mi cabeza
que susurran la resistencia del enemigo:
El amor.

No estoy sola,
tengo unos cuantos rebeldes
que desean lanzarse a mi abismo despiadado.
Ellos son los solos,
acompañantes
de una musa vagabunda y fiel noctámbula
de las caricias rebuscadas en una juventud carnívora.

Falta de alas ausencia de viento,
asfixiada naturaleza del placer,
se lo dejaré todo a los ecologistas,
ellos harán con mi piel materia prima
entre tus hojas y mi sabia.

PARQUE


A mis padres

Fue un domingo en un parque oxidado,
lleno de lugares comunes,
aletargado con niños ausentes
queriendo besar a sus novias
en los sueños eróticos
que nunca les enseñaron.

Fue debajo de un árbol
donde aquel muchacho triste
tocó la corteza de su soñadora,
mientras ella danzaba con las hojas
pintándolas con la punta de la lengua.

Fue cerca a un culombio llorón
cuando se dijeron las promesas
que juraron nunca cumplir,
desapareciendo en la bruma
que les rogaba no seguir
el juego de sudar al sol mientras
la luna se  mordía los labios.

Fue en una tarde gris
donde despeinaron los cabellos de tiempo
atraparon pájaros  y lombrices
como el olvido al recuerdo
quedándose dormidos eternamente
en aquel parque otoñal.

EL PASADO


¿Por qué no me avisaste que venías?
No me mires padre, dame la espalda y vete con mi retrato de niñ
Ahora eres tú quien tiene miedo,
ahora me quieres salvar con tu escandaloso llanto,
ahora te ves envejecido con las arrugas del pasado.
No te sorprendas, no.
Ando sola  y moribunda  por velarme en el bolero de un suicida,
uso labial en las mañanas para borrar el nocturno beso podrido,
leo el cadáver de los libros de tu juventud
esos intrusos  que dividieron mi cara como una escultura de tu imagen.
Camino confundida y sedienta
llegando al mismo parque que te vio besar adolescentes
entre lienzos, fotografías y cigarrillos.
Allí seguiré,
las palomas rasguñarán mi espalda
y un abandonado intentará salvarme.
Miento,
no vendrá nadie, por eso estás tú aquí.
Por eso guarda los negativos en tu bolsillos, vete,
no reveles nunca mi nombre.

LUNA VERDE

                                                                    A Diego Ortiz
Los árboles tienen los párpados mojados,
las mariposas de nuestra boca intentan salir,
el membrillo que esperó y no marchitó.
Todo fue la neblina,
el frío que no logra congelar la rosa.
Hoy he visto la luna verde
y  una orquídea en la calle.
Mi naturaleza siente por vez primera.

PÁJARO DE PAPEL


Te pronuncio mi solemne
pájaro de papel
que hieres mi destino
con el soplar de tu viento,
abandonando mi mano,
dejando una pluma amarilla sobre ella.
Con tinta negra del anochecer
escribiré sobre la piel de los árboles
los caminos hacia el destierro moribundo,
por tu partida renunciaré la infancia,
abrazar los seres muertos,
correr al verte.
Regresa pájaro de papel,
bajé los frutos de tu bosque
ocultándolos entre mis piernas.

CALAMIDAD DE LA TARDE


                                                                                     A Diego Ortiz


El silencio tiene más odio que las palabras,
mi mentira,
el odio de todos los amantes olvidados
de los que esperan con la cama envejecida
la llegada de esa luz nocturna
que titubea el llanto de una niña,
demasiado lírico
demasiado temor
demasiado veneno.

De los que sirven el té
 antes de la seis
con el delirio anunciado
en retardar la lluvia, 
soplar el aroma del calor
hacia los glaciales de la ciudad
y esperar con el roce del mantel
la llegada de un refugio con cuerpo.

De los que abren los ojos sin sueño
y dejan las agonías elevarse,
de los que llaman a un árbol piel
en vez de amante bajo corteza.

De esos soy,
del odio enamorado,
del sentir mitigado,
con el fervor de nunca 
dejar de mover los objetos
que me hacen recordarte:
infinitos.

SILENCIO


¡Yo no lo maté!
Tan solo abrí el cofre y de repente surgió el mar de esas perlas,
él estaba en la cocina machacando hierbas y se hundió en reflejos bulliciosos.
Nadie sintió el aroma.

Mi abuelo rasguñaba las cartas en el desván
ahogándose en sus lágrimas.
Nadie flotó.

Mi tío pintaba las paredes de cultivos mutilados
quedó  atrapado en un balde rojo.
Nadie vio más que cielo.

Mi primo martillaba la mesa en cantos de jaguares
ocultando su rostro con una mancha negra.
Nadie escuchó el eco.

Por eso me culpan,
vieron que mi padre tocaba el tambor
mientras yo junto a él movía las caderas igual que mi madre.
No olviden que fueron ustedes, los mismos que agujerearon la casa.

HERIDA


 ¿Qué te diré?
Las catedrales como cenizas,
los amantes como brujos,
los asientos repudiando el cuerpo.
¿Qué te diré?
Huyeron por el carretel
arrodillados en cadáveres de mariposas
llorando sonoros molinos.
Ahora callo.
La cantata del ciempiés marrón
recorre los huesos.
No temas,
te esconden bajo la hierba
Porque puedes herir a la noche.

lll. PASIÓN EXTINGUIDA

Fotografía. Estefania Almonacid Velosa
Lugar: Jardín Botánico 

LAS PAREDES


Las tardes se rinden en paredes manchadas,
se derraman entre voces cobardes
con la sed del sudor que emana de su angustia.
¡No quiero ver las paredes pintadas!
Es ocultar que allí se envileció la memoria.
El que no escucha su llanto
es porque la calle es más dolorosa que su refugio.
Yo no hago más que matarla,
colgando el retrato que ya no recuerdo,
tomando su pecho inocente como barrera.
Ellas desaparecieron.
La vida es una pared,
de un lado la inexistencia, del otro la muerte.
Ahora soy una pared.

COSER


Dos o tres veces he tenido las cóncavas remendadas,
el día que pare de tejer
mi abuela sabrá que la tradición de dormirse en el zigzag de la lana
será el preludio de la desolación.

FUGITIVOS


Los tejados derramaban ecos
en las cicatrices del anciano
que duerme en caminos de piedra.
Quiso ser el artesano de sus manos
confundir la India en un pueblo que amanece entre sábanas.

El temblor del soplo danza en el mantel y la mosca
empieza el olor de miel en lágrimas
se abre el apetito nostálgico
que nos arrastra sobre la mesa coja.
Reunimos solos la compañía
tragamos las ansias evaporadas.

Falta romper las vestiduras de las caminatas
mirar más por la ventana y cerrar los ojos
indicar el infinito de la laguna quedando atrapados,
falta el instante virgen
sentirnos fugitivos en kilómetros desconocidos.